REGION ICA: ENTRE EL ÉXITO ECONÓMICO Y LA DEUDA SOCIAL QUE AÚN NO LOGRA CERRAR

El Índice de Competitividad Regional 2026 revela una realidad que merece una lectura más profunda: Ica continúa siendo una de las regiones más competitivas del Perú, pero todavía arrastra brechas estructurales que impiden convertir su crecimiento económico en bienestar integral para toda su población.
La publicación del Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2026 vuelve a colocar a Ica entre las regiones con mejor desempeño del país. El quinto lugar en el ranking nacional no es producto del azar. Es el resultado de décadas de desarrollo agroexportador, crecimiento empresarial, dinamismo industrial y una ubicación geográfica privilegiada que la ha convertido en uno de los principales motores económicos del Perú.
Sin embargo, detrás de esa posición privilegiada existe una realidad que no puede ignorarse: el crecimiento económico de una región no siempre significa desarrollo equitativo para todos sus ciudadanos.
Ica continúa siendo una potencia económica y los resultados hablan por sí solos.
Ica ocupa el:
5.º lugar en el Ranking Nacional de Competitividad Regional.
3.º lugar en Entorno Económico.
4.º lugar en Entorno Laboral.
5.º lugar en Salud.
5.º lugar en Educación.
12.º lugar en Infraestructura.
En términos generales, pocas regiones mantienen un desempeño tan sólido en varios pilares simultáneamente.
El sector agroexportador continúa siendo el gran impulsor del desarrollo regional.
Miles de hectáreas productivas, inversiones privadas, exportaciones crecientes y generación de empleo han convertido a Ica en uno de los departamentos con mayor aporte a la economía nacional.
Pero precisamente ahí aparece la gran paradoja, el empleo mejora pero las desigualdades persisten.
Uno de los indicadores más alentadores del informe es que Ica ocupa el segundo lugar nacional en el Pilar Entorno Laboral, aunque perdió el liderazgo que había alcanzado en 2024.
La región presenta la menor brecha del país en empleo adecuado, con apenas 24.7 puntos, reflejando un mercado laboral relativamente más dinámico que el promedio nacional.
Asimismo, mejoró significativamente en el indicador de brecha de ingresos laborales, ascendiendo del séptimo al cuarto lugar.
Sin embargo, no todas las cifras son positivas.
Ica retrocedió tres posiciones en empleo asalariado, pasando del primer al cuarto lugar.
Aunque continúa entre las mejores regiones del país, este descenso constituye una señal de alerta sobre la calidad del empleo y la estabilidad laboral.
Porque generar trabajo no siempre significa generar empleo digno.
Infraestructura: la gran deuda de la región
Quizás el dato más preocupante del informe es el relacionado con infraestructura.
Mientras Ica figura entre las cinco regiones más competitivas del país, ocupa apenas el puesto 12 en este pilar.
Esta diferencia evidencia que el crecimiento económico no ha sido acompañado por una inversión pública de la misma magnitud.
Basta recorrer la región para encontrar problemas que se repiten año tras año:
Carreteras deterioradas.
Sistemas de drenaje insuficientes.
Deficiencias en agua potable y alcantarillado.
Infraestructura educativa pendiente de modernización.
Establecimientos de salud que requieren ampliación.
Congestión vehicular creciente.
Escasez de espacios públicos modernos.
Una región que lidera exportaciones no debería tener infraestructura propia de una economía rezagada.
La competitividad no puede depender únicamente del sector privado
El informe también deja una enseñanza importante.
Gran parte del posicionamiento competitivo de Ica proviene del dinamismo empresarial.
Sin embargo, el desarrollo regional requiere un equilibrio entre inversión privada y gestión pública eficiente.
Cuando el Estado no acompaña el crecimiento económico con infraestructura moderna, planificación territorial y servicios públicos de calidad, el desarrollo pierde sostenibilidad.
Salud y educación: buenos resultados, pero con enormes desafíos
Los pilares de Salud y Educación ubican a Ica en el quinto lugar nacional.
No obstante, estos indicadores deben analizarse con prudencia, la región todavía enfrenta problemas estructurales:
Hospitales con limitada capacidad resolutiva.
Déficit de especialistas.
Infraestructura educativa antigua.
Brechas tecnológicas entre zonas urbanas y rurales.
Limitado acceso a educación superior en varias provincias.
La competitividad del futuro dependerá menos del cemento y más del conocimiento.
Las provincias también importan
Otro aspecto que suele pasar desapercibido en estos rankings es que los buenos resultados regionales esconden profundas diferencias internas.
Mientras ciudades como Ica mantienen elevados niveles de desarrollo económico, otras provincias aún enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos, infraestructura vial, agua potable y oportunidades laborales.
El verdadero reto consiste en lograr que el crecimiento llegue también a Chincha, Pisco, Nasca, Palpa y las zonas rurales.
Porque una región competitiva no puede construirse dejando territorios rezagados.
El desafío para las nuevas autoridades
El INCORE 2026 debe convertirse en una hoja de ruta para las futuras gestiones regionales y municipales.
Las prioridades parecen evidentes:
Cerrar las brechas de infraestructura.
Mejorar la calidad del empleo.
Fortalecer la educación técnica y universitaria.
Modernizar los servicios de salud.
Incrementar la inversión pública eficiente.
Impulsar innovación y transformación digital.
Planificar un crecimiento urbano ordenado.
No basta con conservar el quinto lugar.
El verdadero objetivo debe ser convertir a Ica en la región más competitiva del Perú.
El Índice de Competitividad Regional 2026 confirma que Ica sigue siendo una de las locomotoras económicas del país. Pero también demuestra que el éxito económico, por sí solo, no garantiza el desarrollo integral.
No es suficiente exportar más si aún existen distritos con infraestructura deficiente. No basta con atraer inversiones si miles de ciudadanos siguen esperando mejores hospitales, escuelas modernas, agua potable continua y vías seguras.
La competitividad no debe medirse únicamente por indicadores macroeconómicos, sino por la capacidad de una región para transformar su riqueza en oportunidades para todos.
Ica tiene todo para liderar el Perú: ubicación estratégica, un sector privado dinámico, una agricultura de clase mundial y una población emprendedora. Lo que falta es una gestión pública con la misma capacidad de innovación, planificación y eficiencia.
El desafío ya no es crecer. El desafío es crecer con equidad, cerrar las brechas de infraestructura y convertir el liderazgo económico en bienestar para cada familia iqueña. Solo entonces el quinto lugar será un punto de partida y no el techo de nuestras aspiraciones.